La Medina de Fez y su Barrio de los Curtidores

Curtidores de Fez

Dicen que la Medina de Fez, en Marruecos, está formada por más de nueve mil callejones que se entrecruzan entre sí. Recorrerla es viajar en el tiempo, saborear los olores y sabores de la parte más vieja de la ciudad, descubrir el encanto de la música andalusí tras las rejas de alguna ventana.

Si hemos de perdernos, que sea aquí. Aunque el extravío en la Medina es imposible: – Utiliza el olfato – me dijo un anciano al ver en mis ojos que tal vez había perdido el sentido de la orientación

El olor de la medina de Fez nos lleva hasta sus famosas curtidurías, las tenerías situadas en la zona central, el llamado Zoco de los Curtidores. En ellas se trabaja el cuero de forma artesanal, a la manera tradicional que en los últimos siete mil años se viene haciendo. Las pieles se sumergen en una paleta de tanques de barro con diferentes tintes. Son círculos excavados en el suelo de varios colores. Allí se dejan estas pieles hasta que, pasado un tiempo, adquieren el color del tinte.

No es un olor precisamente muy agradable el de estas curtidurías. Los tintes se elaboran generalmente con orina de vaca, caca de paloma y aceites de pescado (imaginaros el aroma que desprende entonces…), pero al llegar a las tiendas nos ofrecen ramas de menta para mitigar un poco el hedor.

La Medina de Fez es la más antigua de Marruecos y una de las más grandes del mundo islámico. Fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1981, y en ella conviven cada día cientos y cientos de personas. Sus calles laberínticas están llenas de puestos, turistas y lugareños. Por doquier pasan los comerciantes con sus burros transportando las distintas mercancías, abriéndose paso entre el tumulto y el ruido generalizado. Pero no todo es caos en esta Medina. Los puestos están ordenados por gremios, de ahí que existan el barrio de los artesanos, el de los alfareros, los forjadores, los sastres, los curtidores…

Nadie viene aquí con un mapa, ni falta que hace. Lo mejor es perderse, sencillamente, acceder por alguno de los callejones y seguir vuestro instinto. Disfrutar de la amalgama de colores, olores y sabores y, si en algún momento sentís la necesidad de encontrar el rumbo, solo hay que pararse un instante y utilizar el olfato… Olfato que nos depara encontrarnos con el Barrio de los Curtidores.

Solo en Fez y Tetuán se lleva a cabo este proceso milenario de convertir las pieles animales en productos de marroquinería.

Una de las tenerías se ha convertido en todo un destino turístico. Se trata de Al-Chauara, que posiblemente habéis visto en alguna fotografía. En ella las fosas con los tintes le dan un aspecto muy pintoresco. Los curtidores introducen las pieles en el agua y se produce el efecto, como algo mágico. Un olor casi nauseabundo lo impregna todo. Con amabilidad los curtidores nos ofrecen una mata de hierbabuena o alguna hierba aromática para que el efecto no sea tan fuerte. Hacen falta varios días para que una piel adquiera su tinte adecuado. Es un proceso lento, artesanal, pero que se ha convertido en todo un incentivo turístico. Los curtidores lo saben, pero ellos siguen ahí, afanados en su trabajo. El índigo para el color azul, la cochinilla para el rojo y el gualda o el cártamo para el amarillo, son algunos de los tintes utilizados. Alrededor de las tenerías se agolpan cada día un buen número de turistas.

Os recomiendo ir temprano para apreciar buena parte del proceso, pero mucho ojo al grito del barak que los comerciantes lanzan para pedir paso con sus burros.

La sensación de pasear por la Medina de Fez resulta indescriptible si se quiere hacer uso de las palabras. Hay que estar allí, perderse en ella, llevaros con vosotros todos los aromas, colores y sabores. Y, por último, a modo casi de plegaria religiosa, utilizar vuestro olfato… No lo olvidéis.

Foto Vía Fez

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