Jerusalén: el Santo Sepulcro

Mezquita de la Roca, Jerusalén

Mezquita de la Roca, Jerusalén

Una de las ciudades santas del mundo es Jerusalén. Allí la historia de las religiones se encuentra y da prueba de ella con sus monumentos y vestigios del pasado. Si tienes pensado un viaje a Israel, es imprescindible que pases unos días en alguno de los muchos hoteles en Jerusalén y te dediques a caminarla.

Hoy, por ejemplo, te acompañamos al Santo Sepulcro.

Constantino el Grande fue el primer emperador romano que adoptó el cristianismo. En el año 326 llamó a una reunión de obispos de todo el imperio, incluyendo al de Aelia Capitolina, como se llamaba aún a Jerusalén. La madre del emperador, la reina Helena, que se había convertido al cristianismo, quedó muy impresionada con el relato del obispo acerca del lamentable abandono en que se encontraban los lugares consagrados por la vida y muerte de Jesús y, con la bendición, autoridad y fondos de su hijo, partió a visitar la Tierra Santa.

Allí identificó el lugar de la crucifixión (la roca que se supone que es el Gólgota) y la tumba en su cercanía conocida como Anastasis (resurrección en griego). El emperador  entonces decidió construir un santuario apropiado en el lugar – la magnífica Iglesia del Santo Sepulcro.

El Muro de las Lamentaciones, Jerusalén

El Muro de las Lamentaciones

La iglesia fue destruida por los persas en el año 614 y poco tiempo después fue reconstruida parcialmente; en el año 1010 fue destruida por el Califa Hakim de Egipto y reconstruida en 1048 por el emperador bizantino Constantino Monómaco; en 1144 los cruzados reconstruyeron toda la iglesia, para caer en el abandono luego por muchos siglos.

A partir de la década del 60 del siglo pasado, se comienza la restauración de la Iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén. El mantenimiento de la iglesia está a cargo de católicos romanos, ortodoxos griegos, ortodoxos armenios, ortodoxos sirios, coptos y etíopes que hacen respetar cada centímetro de su área, lo que trae muchos problemas cotidianos.

Nuestro consejo de viaje es que cuando traspases el patio de acceso para entrar en el ambiente cargado de la iglesia, te parecerá volver atrás en el tiempo. Podrás llegar hasta la piedra que clausura el sepulcro y sentirás que ese es un lugar especial, santo para muchos.

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