Benalmádena, Málaga

Hay muchas formas de visitar una ciudad, pero, ¿cuántas veces tiene uno oportunidad de hacerlo desde las alturas? Pues así fue como comencé mi visita turística a la villa: a través de un sistema moderno de telecabinas que parte del centro del núcleo urbano y sube hasta el denominado Monte Calamorro (unos 771 metros). ¡Qué pasada! Imaginaros las vistas desde allí arriba, metido en la pequeña y acristalada cabina del teleférico, suspendido en el aire, subiendo muy despacio, con el Mediterráneo a tus pies, la delimitación de la ciudad junto a él, tú sobre ella y, a lo lejos, las costas de África a medio vislumbrar.

Más tarde, ya de vuelta de nuevo al núcleo urbano, quedé prendado por uno de esos lugares que te dejan marcado por su belleza y por la tranquilidad que se respira en él: El Parque De la Paloma (o como algún gracioso me comentó con sorna, “El jardincito”). Verdaderamente acogedor, y sumamente agradable y es que es sin duda la principal zona verde del municipio.

El Parque de la Paloma tiene dos características a destacar que lo hacen muy atractivo para su visita: animales sueltos en los límites del recinto y un gran lago que sirve de colofón a la visita, un lugar que no hay que dejar pasar.

El tiempo pasó rápido, y de repente me vi caminando por el paseo marítimo. Decenas de chiringuitos, con sus barbacoas de espetos, carnes a la brasa y demás exquisiteces, tentaban al caminante a que se sentase a degustarlos. Algo que, visto como estaba de gente, podía deducirse que cumplía con las expectativas. Así que yo también sucumbí.

Tras el almuerzo (nada frugal, lo confieso) acudí a un lugar de los que se denominan “de cuentos de hadas”. ¿Sabían que hay un castillo de ensueño en Benalmádena, donde se representa en piedra la historia de Colón y el Descubrimiento? Pues sí, se lo conoce como Castillo de Colomares. Es una joya arquitectónica, y en sus paredes y torres pueden verse desde las famosas naos que participaron en los viajes a América, pasando por la historia ortodoxa y heterodoxa de la vida del Gran Almirante, por retazos de la historia de España (Reyes Católicos, rendición de Granada…).

Otro lugar no menos sorprendente y que nunca esperé encontrar en Benalmádena, es un museo arqueológico de piezas precolombinas. Se llama Museo Precolombino Felipe Orlando, y alberga en su interior una de las mejores colecciones de Europa. Me llamó mucho la atención el hecho de que apenas se conozca, y que sin embargo tenga en su interior las joyas que tiene. En fin, es lo bueno de estos viajes, que de vez en cuando te sorprenden con pequeños regalos.

El día había pasado sin apenas darme cuenta, y estando en Benalmádena no podía por menos que acercarme a su puerto deportivo, una de las referencias de la ciudad. Fabulosos yates, motoras y veleros se dan cita en aquel lugar, amarrados en estrechas callejas perfectamente organizadas, y evidenciando (y de qué manera) el poder económico de una ciudad que compagina como pocas su modernidad con el sentir mediterráneo. Además a pocos metros de allí se encuentra Puerto Marina, que así se llama el lugar y dice “los entendidos” que es uno de los mejores lugares para salir de marcha en la Costa del Sol.

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