Barrio del Albaicín

Granada tiene lugares mágicos y bellísimos. Uno de ellos es el Barrio del Albaicín, que muestra orgulloso los vestigios más que evidentes de su pasado musulmán, pero aplicado a la población local. Puedo dar fe de que caminar por sus calles estrechas y ornamentadas es un gustazo para la vista y los sentidos.

El Albaicín tiene un origen muy peculiar que merece la pena contar. Cuando a principios del siglo X los habitantes de la ciudad de Elvira (conocida como Medina Elvira) asisten con espanto a la desintegración de Al-Ándalus en minúsculos reinos por las luchas de poder en el Califato, piden protección al primer rey de la dinastía Zirí: Zawi ben Zirí. Este les permite asentarse en los márgenes de la recién ampliada y fortificada muralla que rodea la alcazaba. Y allí, a los pies de la Alhambra, se levantó una preciosa ciudad, reflejo de la que por motivos de seguridad debieron dejar atrás.

Para que uno se oriente por sus calles es necesario que conozcamos las dos zonas bien diferenciadas que vamos a encontrar: el Albaicín Bajo y el Albaicín Alto. La diferenciación se debe única y exclusivamente a tema de ubicación dentro de la propia Granada, y a cuestión de cercanías con respecto a otros monumentos (dependiendo de dónde nos encontremos y qué queramos visitar, deberemos hacer el paseo más o menos largo).
Como soy un enamorado de Granada, sería imposible dejaros aquí una simple ruta de visita, porque hay infinidad de combinaciones. Así, he preferido dejaros lugares típicos para que visitéis en vuestro recorrido.

En el Albaicín Bajo debéis visitar lugares como la Plaza Nueva y de Santa Ana (y su iglesia), el Pilar del Toro, la Carrera del Darro (que recibe su nombre del río que corre a los pies de la Alhambra), o el Paseo de los Tristes. Por allí se encuentran la Real Chancillería (mandada construir por Felipe II), la Casa del Castril (sede del actual Museo Arqueológico de la ciudad), o la Casa de las Pisas (en la que murió San Juan de Dios).

En el Albaicín Alto no podéis dejar de ver la Plaza Larga, la Plaza de San Nicolás y la Plaza de San Miguel Bajo, así como la Puerta de las Pesas, el Convento de Santa Isabel la Real, o la Puerta de Elvira.

Si os acercáis por el Albaicín interesaros por su historia: cada lugar tiene detrás una historia propia que impresiona. Pero si lo que deseáis simplemente es pasear por él, descubriréis que las teterías, los puestos artesanos y ese resto de zoco árabe que permanece aún en el aire se encuentra en cada uno de los rincones… Eso es lo que lo hace tan mágico.

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